Halma Angélico: el olvido sin piedad

Entrada escrita por Rocío González Naranjo
y corregida por Melania García

María Francisca Clar Margarit (1888, Palma de Mallorca – 1952, Madrid), cuyo pseudónimo era Halma Angélico, fue una mujer excepcional que participó en la construcción de un Madrid más feminista y artístico. Gracias a los estudios de profesionales como Pilar Nieva de la Paz, Ivana Rota o Evelyne Ricci podemos acceder un poco más a su vida y a su obra.

Con una educación católica, Angélico se convirtió en toda una personalidad del Madrid de los años 20 y 30 gracias a su trabajo como articulista y a su asociacionismo femenino, político y cultural. Se codeó con las figuras más importantes del momento: Manuel Azaña, Margarita Nelken, Carmen de Burgos, Cristóbal de Castro, Concha Espina, María Teresa León, etc.

Mujer divorciada y con dos hijos, empezó a escribir y colaborar en varios medios, tanto españoles como hispanoamericanos[1]. Comenzó muy pronto su actividad en el teatro, como cuando trabajó con Jacinto Benavente para la representación de Don Juan Tenorio en un cenáculo teatral.

En esta época también se comprometió con las causas sociales, creando un Hogar Sudamericano para Exiliados, haciéndose socia del Lyceum Club Femenino (del que fue la última presidenta antes de la Guerra Civil), de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (siendo la vicepresidenta en enero de 1935), de la asociación socialista Unión de Mujeres de España y España Femenina. De este modo, ya antes de la llegada de la República, Angélico, a través de sus obras, cuestionó lo que la República iba a indagar a través de la educación: un cambio en los códigos sociales de las mujeres.

ak-y-la-humanidad-de-halma-angelico-Solamente cuatro obras componen la producción teatral de Halma Angélico[2]: La nieta de Fedra, Entre la cruz y el diablo, Al margen de la ciudad y Ak y la Humanidad. Las tres primeras tienen en común la descripción de la situación de la mujer en la sociedad de la autora y la última opta por un teatro político. También hay que destacar que los personajes luchan contra sus sentimientos y contra la realidad en la que viven. Particularmente La nieta de Fedra nos recuerda la tragedia rural tan querida por Federico García Lorca.

Angélico ofrece en sus tres primeras obras, una representación realista de la posición de la mujer, pero pone de relieve la instauración de nuevos códigos sociales femeninos y preconiza el desarrollo de la solidaridad femenina: la sororidad, palabra que incluso hoy en día la RAE no reconoce

En La nieta de Fedra, Angélico denuncia la situación de las madres solteras maltratadas por una sociedad que no consiente que una mujer pueda elegir ser madre sin la presencia de un marido. El mito de Fedra es versionado de una manera excepcional a partir de una hija intransigente con su madre.

En  Entre la cruz y el diablo, de 1932, consiguió ponerse en escena en el teatro Muñoz Seca de Madrid, representada por la compañía de Margarita Robles y quizás ayudada por la entonces directora del teatro, Pilar Millán Astray. En esta obra, la dramaturga presenta una serie de retratos de diferentes mujeres que viven en un convento recogiendo mujeres «perdidas». Se trata de una microsociedad en la que la solidaridad femenina es uno de los factores de integración más importante.

Lo mismo sucede en su obra de 1934 Al margen de la ciudad, en la que dos mujeres completamente opuestas se ayudan para sobrevivir en una microsociedad gobernada por hombres.

Durante la guerra, Angélico consiguió representar en 1938 Ak y la Humanidad, una obra que no tiene nada que ver con las anteriores, con un tinte político que no gustó a a una parte de la crítica teatral. Esta obra tiene como objetivo permitir a los espectadores preguntarse sobre la eugenesia para crear un mundo perfecto, pero la única solución que se muestra al final para conseguir una sociedad mejor es la educación. Sin embargo, el valor literario de la autora se centra en su «sensibilidad femenina». Así, en esta última obra, al no concentrarse en la «tragedia biológica», como lo llamaba Cristóbal de Castro, la autora fue atacada sin piedad en la prensa.

Después de la guerra, la dramaturga fue encarcelada durante tres meses a causa de su pasado político. Finalmente fue liberada y se quedó en Madrid, aislada intelectualmente, sola, sin retomar la escritura, y murió en el olvido el nueve de noviembre de 1952, olvido que persiste hasta nuestros días.

Angélico sufrió la invisibilidad literaria, como tantas otras dramaturgas y escritoras de la Edad de Plata, borradas del mapa cultural y artístico de su época, debido en parte al tratamiento recibido por la prensa, como explica Shirley Mangini[3], pero también a la invisibilidad teatral, a las pequeñas y únicas ediciones de sus obras o al eclipse que los escritores masculinos de la época produjeron. Sea cual sea el motivo, Halma Angélico fue una innovadora tanto en la temática como en los códigos escénicos. Los hombres célebres del momento la reconocieron, como se puede observar en este fragmento de un artículo anónimo de la revista Cultura integral y femenina[4]:

 Azorín dice que “hay finura y emoción en su prosa”; Cristóbal de Castro, que tiene “una sensibilidad poderosa”; Sánchez-Ocaña, en ABC, que es “una mujer con temperamento, con fibra y con pluma…; que sus fondos dramáticos tienen un trazo vigoroso, intenso, que llega a lo hondo con una fuerza emotiva, recta y eficaz”; el P. Félix García, en Religión y Cultura, habla de la “fuerte y delicada sensibilidad de la autora”, y añade que “su talento observador y reflexivo no resta ternura y amorosidad femenina a esa mujer”; Rafael Marquiña hace notar “su gran talento y su densidad intencional”, así como su originalidad, tan recta como delicada.

No sólo fue autora de obras teatrales, sino también de ensayos, cuentos, artículos de prensa, etc.[5] En toda su producción muestra la realidad de la España de preguerra e intenta conciliar los dos mundos opuestos que cohabitaban: el conservador y el progresista. Como ya comenté más arriba, fue la única dramaturga que pudo organizar una representación durante la guerra, en 1938, un aspecto que prueba su valor ya no como dramaturga, sino como personalidad de la época.

Dejando a un lado los comentarios sexistas que podemos encontrar, la autora es reconocida como una gran escritora del mundo interior de los personajes. Sus obras son duras, crueles, en las que las mujeres sufren los códigos sociales que les son impuestos. Gracias a los estudios citados anteriormente, podemos conocer más sobre esta personalidad, pero seguimos cuestionándonos: ¿por qué no forma parte del canon literario?

[1] (ABC, Blanco y Negro, Heraldo de Madrid) Mujer y Mundo Femenino.

[2] Subrayemos el hecho que Los caminos de la vida (1920) y Berta (1922) son, respectivamente, las primeras versiones de Entre la cruz y el diablo et de La nieta de Fedra.

[4] ANÓNIMO, «Halma Angélico», Cultura integral y femenina, 15-2-1933, p. 8.

[5] Los caminos de la vida. Madrid, Imp. Clásica Española, 1920, firmado como Ana Ryus.

Berta, drama en tres actos, de 1922.

La mística: (estudio de almas), Madrid, Talleres Tip. Velasco, 1929, 84 p.

La nieta de Fedra, Madrid, Talleres Tip. Velasco, 1929, 201 p.

El templo profanado, Madrid, Compañía Ibero-Americana de Publicaciones, 1930, 221 p.

La desertora, Madrid, Librería Beltrán, 1932, 236 p.

Entre la cruz y el diablo, Madrid, Rivadeneyra, 1932, 42 p.

Al margen de la ciudad, en: Teatro de mujeres. Prologue de CASTRO, Cristóbal (ed.), Madrid, M. Aguilar, 1934, p. 17-86.

Santas que pecaron, Madrid, Aguilar, 1935, 265 p.

AK y la humanidad, Madrid, M. Aguilar, 1938, 128 p.

Según Juan Antonio Hormigón, quedan algunos escritos inéditos. Por ejemplo, la obra La gran orgía, «entregada para su registro en la SGAE el 8- VII- 1932 ». Además, la familia posee los inéditos siguientes: El Madrid que a veces también llora, Agar, poema en prosa, Ibor el magnífico y La Jineta.

Artículo publicado en Revista Sociocultural Los Ojos de Hipatía, «Halma Angélico: el olvido sin piedad», 09/10/2016.

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2 comentarios en “Halma Angélico: el olvido sin piedad

  1. Supongo que es difícil salir a la luz en un mundo de hombres o en una sociedad donde los escritores han sido más volorados que las escritoras… a pesar de que sus colegas y quienes han conocido a la persona y su obra la voloraban… poco a poco las cosas van cambiando, pero lo normal durante varios siglos fue considerar que la mujer solo escribía prosa o poesía para mujeres y puede que eso hiciera que no calara en otro ambitos. Además no hay nada más alejado de la realidad! Opino… un saludo! 🙂

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  2. Una mas en la lista de olvidadas se va hacer interminable.
    Vamos descubriendo que solo nos han enseñado la mitad de la historia y nos hemos perdido como es este caso una personalidad y obra muy interesante.
    Muy acertada la revindicacion de definición de sororidad.
    un saludo

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