María Poliduri: poeta de flores grises (I)

Entrada escrita por Beatriz (@arandanera)
y corregida por Meryem El Mehdati (@traduridica)

Dar a conocer la figura de María Poliduri en España no es solo visibilizar la obra literaria de una mujer cuyo papel en la literatura griega del siglo XX es ampliamente reconocido, es también visibilizar, siquiera una pizca, la Grecia escondida, la Grecia del siglo XX de la que lo ignoramos prácticamente todo.

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Diseño de María Teresa (@mariaT0) para Adopta una autora

Para que nos hagamos una idea, entre 1993 y 2005, y según una recopilación de traducciones de literatura griega moderna y contemporánea en España—hecha por Vicente Fernández González y Leandro García Ramírez—, apenas se tradujo a una quincena de autoras griegas al español (y unas cinco al catalán). María Poliduri no estaba entre ellas, y tuvimos que esperar hasta 2013 para ver publicada una parte de su obra en nuestro idioma, en la edición bilingüe del poeta y traductor Juan Manuel Macías para la editorial Vaso Roto. Se trata del maravilloso poemario Los trinos que se extinguen, publicado a finales de 1928, un año antes de que publicara su segunda compilación de poemas, El eco del caos, y apenas año y medio antes de su temprana muerte, en 1930, a la edad de 28 años. Pero no nos adelantemos, queda aún mucho por contar.

María Poliduri nace en Calamata, una pequeña ciudad del Peloponeso, en 1902, en el seno de una familia con inquietudes intelectuales. Su padre era filólogo y profesor de instituto, mientras que su madre, Kiriakí Marcatu, que procedía de una familia acomodada, poseía una amplia cultura y era manifiestamente feminista. Kiriakí leía El diario de las señoras, un periódico que fue primero semanal y más tarde quincenal, fundado por mujeres y dirigido a las mujeres, con el objetivo claro de pelear por su emancipación y por la plena igualdad. Como narra Pedro Olalla en su Historia menor de Grecia, el primer número de El diario de las señoras, lanzado en 1887 (un 8 de marzo), vendió más de diez mil ejemplares en un solo día. Su principal impulsora, Calírroe Parren, fue  exiliada a la isla de Hidra en 1918, con el fin de silenciar sus constantes denuncias por defender la neutralidad de Grecia en la Gran Guerra, no sin antes haber cerrado el periódico a finales de 1917. Pero esta es otra (sin duda apasionante) historia.

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Imagen: Sansimera.gr. Diario de las señoras y Parren

Poliduri nace en un mes de abril. Otras personas han destacado ya el hecho (puramente anecdótico, pero igualmente poético) de que naciera en abril, que en abril muriera y que fuera abril el mes en que comenzó la relación amorosa que tanto influiría en su vida y obra. Al respecto, Poliduri escribió lo siguiente en sus diarios (traduzco para la ocasión):

1 de abril de 1922: ¡ese es mi día! El día que vine al mundo en una preciosa casa, llena de luz; el día en que escuché los primeros cantos de los pájaros, vi las primeras rosas de la primavera. Han pasado desde entonces veinte años y podría creer que apenas he cumplido los diez. Y, sin embargo, cuántos momentos, días, meses, años de tristeza y desesperación, de suspiros y de lágrimas se encuentran dentro de esta vida de veinte años. ¡Y cuántas veces más aún tengo muchos, muchos más años, con mis gestos nerviosos, mis arrugas en la frente, mi silencio melancólico! ¡El mes que me dio la vida y el mes que, con su llegada, se lleva todo vestigio de vida! Me ahoga una melancolía sin límites, un tedio terrible me paraliza, un nerviosismo que está acabando conmigo. Abril… Abril, qué agradable suena mi desdicha en tu canto, me recuerdas lo que me falta… Me llenas de desesperanza.

Este breve fragmento condensa ya muchos de los elementos que poblarán la obra de la poeta: es melancólico, desesperanzado, casi desgarrador. Predice la muerte y, sin embargo, reconoce la luz, la fuerza de la naturaleza, la vida. Una contraposición constante de sentimientos.

Por el episodio dedicado a la poeta en la serie documental de la ΕΡΤ (Radiotelevisión Pública Griega) Épocas y escritores, nos enteramos, entre otras cosas, de que de pequeña solía acudir a los funerales de sus conciudadanos y volvía a casa tarde y con los ojos hinchados, conmovida por los cantos fúnebres que escuchaba en las casas de los difuntos. Así lo cuenta su hermana Virginia. La muerte, pues, está presente en su vida desde muy pronto, y no la abandonará nunca. En 1916, a los catorce años, publica su primera pieza escrita un año antes: un texto en prosa poética titulado El dolor de la madre, inspirado en la aparición del cadáver de un joven en la playa de su pueblo y, en concreto, escrito en plena conmoción por el desgarro sufrido por la madre del joven.

Como escribe Yannis Tsimurtas en el prólogo a la antología poética de la autora publicada en 1998 (descatalogada en griego), «el dolor de la madre está por encima de la muerte». La Encyclopedia of Modern Greek Literature de Bruce Merry (2004) reconoce este poema como uno de los primeros del género en Grecia.

En 1917, recopila todos los poemas escritos hasta el momento en un pequeño cuaderno forrado con seda azul y con margaritas dibujadas en la cubierta. Llama a este poemario Las margaritas, pero por desgracia no ha llegado a nuestras manos, a excepción de un par de poemas que la propia Poliduri anotaría años más tarde en otra libreta. De los años inmediatamente posteriores conocemos varios detalles que revelan aspectos clave de su personalidad y de sus inquietudes sociales y políticas: en 1918 descubre la revolución bolchevique y, entusiasmada, produce un panfleto que entrega a su hermana para que lo distribuya.

Ese mismo, año lleva a cabo una huelga de hambre de una semana ¡contra sus padres!, para forzarles a aceptar su decisión de estudiar Derecho en lugar de Filología. Estos últimos estudios eran los «apropiados» para una mujer en la época, pero María estaba convencida de que, estudiando Derecho, podría aportar más a la causa de las mujeres en su lucha por la igualdad. En 1919, escribe un telegrama al diputado Azanasios Basiás, que había presentado en el congreso una proposición de ley que reconocía a las mujeres su derecho a participar en la vida política del país (y que, por desgracia, no fue aprobada). En el telegrama, que obtuvo respuesta, le daba las gracias y la enhorabuena por tal iniciativa. Estas inquietudes no tienen reflejo en su obra, pero están ahí y la definen tanto como esta. Las muertes súbitas y seguidas de sus padres en 1920 dejan una profunda huella en Poliduri. Primero fallece su padre y, al cabo de cuarenta días, lo hace su madre.los-trinos-que-se-extinguen

Cerraremos esta primera parte de nuestra aproximación a la poeta con uno de sus poemas, traducido por Juan Manuel Macías, incluido en el poemario Los trinos que se extinguen.

En mi casa…

En mi casa, una vez, hubo el perfume
de la despreocupación.
Y era yo misma la canción con alas
brotando en torno.

Mas poco a poco fue amargándose
en mis labios ingenuos esa música,
como si hubiera nacido de repente
un tiempo cruel.

A mi padre se le quebró el sentido
en el azul de sus ojos,
y los cerró cual si pesaran mucho.
Por las habitaciones silenciosas

iba mi madre, orgullosa, impecable
con sus sandalias adornadas:
fue como si se dejara coger el alma
lo mismo que una dalia pensativa.

Y el amargo destino de los hijos
es vivir y callar;
y las hojas perdidas de un árbol estéril
se han esparcido y huyen.

 

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